Las baterías de litio usadas representan tanto un desafío ambiental crítico como una «mina urbana» de materiales valiosos. Dada su composición química y su potencial de peligrosidad, su gestión se divide principalmente en tres etapas: recolección, tratamiento y recuperación de materiales.
Clasificación y Riesgos
No todas las baterías son iguales. En el ámbito del reciclaje, se suelen categorizar por su química (LCO, LFP, NMC) y su procedencia:
Electrónica de consumo: Celulares, laptops y herramientas (pequeño formato).
Movilidad eléctrica: Baterías de vehículos eléctricos (EV) y monopatines (gran formato).
Riesgos asociados:
Fuga térmica (Thermal Runaway): Si una batería usada está dañada o cortocircuitada, puede incendiarse espontáneamente.
Toxicidad: Contienen electrolitos inflamables y metales pesados que, de terminar en rellenos sanitarios, pueden contaminar suelos y napas.
El Proceso de Reciclaje
El objetivo principal es recuperar el «Black Mass» (masa negra), un polvo rico en metales valiosos.
Desactivación y Descarga: Se sumergen en soluciones salinas o se descargan eléctricamente para evitar incendios durante el triturado.
Procesamiento Mecánico: Trituración en atmósfera inerte (nitrógeno o argón) para separar plásticos, aluminio y cobre.
Hidrometalurgia / Pirometalurgia:
Hidrometalurgia: Uso de soluciones ácidas para lixiviar y separar selectivamente el litio, cobalto, níquel y manganeso. Es la técnica más eficiente y con menor huella de carbono.
Pirometalurgia: Fundición a altas temperaturas. Es más simple pero pierde el litio en la escoria y consume mucha energía.